EL NAUFRAGIO SILENCIOSO. TEODORO LEÓN GROSS

EL NAUFRAGIO SILENCIOSO. TEODORO LEÓN GROSS. ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO SUR
Cincuenta mil personas han perdido su trabajo en septiembre, y uno de cada diez era de Málaga. El drama silencioso no se desangra por goteo, sino por la herida abierta del modelo tras una orgía de irracionalidad –esa burbuja de una economía divorciada de la realidad sobre promesas ficticias como describe John Cassidy en ‘Por qué quiebran los mercados’- y una clase dirigente que ha claudicado de sus responsabilidades esperando la mano invisible del mercado para que meza la cuna.

Como sucede con esas matanzas tercermundistas que sacan del anonimato una crisis humanitaria por unas horas a los ojos del planeta antes de volver a su agonía distante, el paro ya sólo es ese dato estadístico que cada mes invade la actualidad durante veinticuatro horas. La hiperrealidad narcotiza y cansa; y por eso, a partir de cierto momento, este drama de destrucción masiva dejó de ser noticia. Son simplemente parte del paisaje, una singularidad como la catedral manca o ver África por las mañanas flotando sobre el mar de Alborán. En Málaga hay registrados ciento setenta mil, tal vez sean más. Es una cifra bestial, y sin embargo resultan bastante invisibles, casi transparentes, quizá en la cola en los ambulatorios para la receta de unos antidepresivos o naufragando en la ciénaga vertical de la televisión.
La peor noticia para los parados es no ser noticia. La certeza de formar parte de la rutina. Mientras se habla de 2017 para salir del pozo, debe de ser realmente desolador ver a los dirigentes políticos enredados en polémicas estériles con eslóganes a la carta o disparándose encuestas de fabricación casera, a los acusados del Caso Malaya descojonarse de risa mientras sus espléndidos abogados van desmontando la ilusión de hacer justicia, a los líderes de opinión en columnas como ésta dedicadas a desentrañar claves fútiles sobre nimiedades como el peso electoral de las falsas princesas del pueblo, análisis sesudos para desentrañar el esquema de juego del once de Ferreira, odas a los cruceros de lujo en el puerto o al chalé alquilado por el jeque en Málaga. De repente hay una portada reveladora, como la que ayer titulaba aquí ‘septiembre negro’ asociando el paro al terror, pero la mecánica de la información tiene claves que acaban por acallar ese eco. Todavía hay quien exhibe el ‘milagro de Málaga’, ese despegue espectacular que ha dejado unas pocas decenas de millonarios y una cifra record de parados que creyeron tener su trozo en aquel pastel que se medía por las ventas de automóviles de lujo en la Costa. Sólo en Málaga se suman más parados que en toda Cataluña. El cono sur de Nerja a Sanlúcar concentra la peor cara de la catástrofe; y realmente hay pocos motivos para tener fe.

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