EXTRAÑA SENSACIÓN. PEDRO LUIS GÓMEZ

SOBRE EL FINAL DE LA VIOLENCIA DE ETA
PUBLICADO EN DIARIO SUR
Son muchos los periodistas que al preguntarles cuál sería la noticia que les gustaría dar en su medio se decantaban por el anuncio de ETA del fin de la violencia y de sus actividades terroristas, y eso ocurrió anoche, y sin embargo queda una sensación agridulce, si me apuran hasta de un mucho de escepticismo, por cómo se ha desarrollado este acontecimiento histórico tan esperado por todos.

Decir que se deja de matar no es mérito de esa pandilla de asesinos que ha sembrado de dolor y de pena cientos de hogares españoles, decenas de ellos malagueños. Darle mérito a lo que esos asesinos han anunciado es olvidarse de los más de mil muertos que han dejado en el camino de la sinrazón y del fanatismo. Atisbar cualquier sensación de agradecimiento o de pena para esos vulgares asesinos produce, cuando menos, náuseas, independientemente de la alegría que nos produzca saber que nadie va a estar detrás de un coche por la noche para pegarnos un tiro en la nuca, o escondido para poner una bomba frente a un cuartel con 20 niños jugando a la gallinita ciega...

Salir a la luz pública anunciando la buena nueva no puede hacernos olvidar la cantidad de páginas negras que nos han obligado a escribir en los periódicos. Anunciar el cese de la violencia ejercida por esos asesinos no puede equivaler al perdón ni al olvido, ni mucho menos. ¿O es que la familia de Portero se va olvidar de lo que ocurrió? ¿O es que la viuda y los hijos de Martín Carpena van a cerrar la página del dolor y de la ausencia de quien les fue arrebatado por tres malditos y absurdos tiros? ¿O es que nos vamos a olvidar de aquel sábado en el que Miguel Ángel Blanco fue asesinado de la forma más ruín y cobarde? ¿O podrá desaparecer de nuestras pesadillas aquella noche del 30 de enero de 1998 cuando unos cobardes asesinaron en Sevilla, al amparo de la noche, al matrimonio formado por Alberto Jímenez Becerril y Asunción García Ortiz? Son tantas y tantas interrogantes...

ETA ha dicho que va dejar de asesinar. Nunca deberían haber comenzado a hacerlo. Es una sensación extraña, demasiado. Podría ser una gran noticia, pero no sé por qué creo que a la gente bien nacida, la mayoría, nos duele y mucho el alma.

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