LOS DESAHUCIOS LEGALES, PERO… INHUMANOS. JOSÉ MANUEL BELMONTE


LOS DESAHUCIOS 
En la sociedad actual si el dinero no fluye, porque no entra (salarios) o porque  no sale de los bancos (prestamos) se produce un colapso. La crisis lo agudiza, golpeando a los más vulnerables. El peor síntoma son los desahucios.

Los desahucios en España se dispararon hasta 300.000 en 4 años. En lo que llevamos de año se habla de 312 desahucios diarios. Una barbaridad insoportable. Si cada hipoteca está enlazada con la ilusión, con el trabajo y con la vida de algunas personas, el desahucio es una tragedia. Una tragedia para las familias. Se derrumba todo por lo que han luchado. Con la ley te lo arrebatan todo. Te dejan en la calle, como si no importaras nada. Hasta que se ha producido algún suicidio por desesperación. Estrés y otras enfermedades pueden ser síntomas de somatizar el problema. Martín Prieto recuerda que “desahucio era el término fúnebre con que los médicos etiquetaban a un enfermo terminal y es propio que haya pasado a la jerga inmobiliaria porque una vez instalado en la calle con sus enseres, un grupo familiar ha finalizado su recorrido vital y es muy poco probable que  vuelva a alzarse del arroyo”.


Solos, es casi imposible luchar. ¡Mejor unidos! Por eso la sociedad civil  se ha dado cuenta y ha toma conciencia gracias a la presión social. La Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH), y los grupos de StopDesahucios, se han enfrentado, con pancartas, camisetas, y han ocupado las viviendas de los que iban a ser desalojados, o la oficina del banco donde tenía la hipoteca. Al hacer piña resistiéndose al desahucio, convocar y salir en los medios, se han dado cuenta que a los bancos les asusta más el escándalo que el dolor de las familias. Han frenado el proceso de ejecución hipotecaria. Esa imagen es perjudicial para la entidad bancaria. Era el primer paso. Se han paralizado ya cerca de mil. Hasta no hace mucho, el anuncio del desahucio y la subasta consiguiente llevó a muchos, individualmente,  a abandonar la vivienda, por no enfrentarse ni a la ley, ni a la policía, ni al banco.
Pero algunos sí tuvieron una fe ciega  en luchar por los suyos, en el apoyo de los familiares y compañeros, y en la constante presión en la calle y en los medios, para cambiar las cosas.  La mayoría no es que no quisiera pagar, es que su nueva situación económica no se lo permitía. Un desahucio suspendido, de momento es un triunfo, aunque no es legal. Es un cambio de una tendencia, que habrá que clarificar, legislar y consensuar. Los políticos, por fin, parecen haberse dado cuenta que ellos tienen una de las llaves del problema: un acuerdo para cambiar la ley de 1909. Parece que gobierno y oposición, magistrados e incluso el defensor del pueblo manifiestan buena voluntad y están explorando “todas las posibilidades legales” para cambiar la ley y frenar el drama de tantas familias. “No es una reforma que queramos aplazar sino aprobarla lo antes posible". Tal vez por el procedimiento de urgencia. La voluntad de acuerdo, al menos entre los grupos mayoritarios, es un buen segundo paso de aproximación a la solución. “Estamos ante un asunto que tiene mucho calado social”, según  la Vicepresidenta. Incluso el vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Fernando de Rosa ha señalado que hay que reformar la ley hipotecaria porque "la actual está creando una serie de disfunciones" que provoca un aumento de los desahucios.

Aún con esa premisa, de buscar la solución al margen de la batalla partidista, como casi todos los problemas, no tienen una solución ni fácil ni única; hay aspectos económicos, legales y sociales (de protección a las familias afectadas) de mucha envergadura. Ello implica también huir de la demagogia irresponsable y de la descalificación. Demostrarían grandeza al no intentar rentabilizar cualquier idea. Hay que encajar, lo que es un contrato escrito, el obligado cumplimiento del Código de Buenas Prácticas Bancarias, los efectos de retroactividad para las hipotecas en vigor, la situación real- a veces dramática- de la familia con hipoteca, las alternativas que los bancos pueden o están dispuestos a ofrecer,  los precios,  los  porcentajes de las hipotecas sobre las tasaciones hipotecarias de las futuras hipotecas y que no se cierre el grifo de los préstamo o se endurezcan las futuras hipotecas. ¡Encaje de bolillos! No es pues, únicamente cuestión de reformar la legislación en materia de ejecuciones hipotecarias en la que los bancos han tenido la parte del león y los ciudadanos quedaban más bien desprotegidos. Pero sí hay que  reformar la normativa de las ejecuciones hipotecarias y los desahucios. Tampoco la situación real de dolor en cientos de familias puede inducir a caer en el populismo de unos, de cambiar únicamente la ley hipotecaria, para que se acepte la “dación en pago” y punto. La calle, es un mal, una situación fría y desesperada, máxime cuando quien exige esa situación inhumana es una entidad “rescatada” con dinero público. Si ha habido y habrá una quita de “activos tóxicos”, ¿por qué no también parte  de “activos hipotecarios de familias”?

Hay que repetir que las soluciones simplistas, que atajarían los desahucios en camino, pueden limitar el futuro acceso a la hipoteca, o dejarla sólo para unos pocos privilegiados. Hay que   negociar y legislar no sólo para este momento de crisis, sino para el futuro. De lo "que se originó en gran parte con la burbuja inmobiliaria",  los bancos son parte del problema, como  lo es la ley actual, la clase política, el Banco de España, y también la sociedad civil, en general, y el propio desahuciado. Se  vendió el ladrillo, préstamos al 100% de la tasación, de la primera o segunda vivienda...nunca se fomentó el alquiler. La avaricia de unos  y la irresponsabilidad de otros nos han llevado hasta aquí. Claro y cierto.

Además de lo dicho, hay principios que por sí mismos hay que mantener y que al repasarlos indican el grado de dificultad del problema. El contrato es libre. Romperlo tiene consecuencias. Pero hay que examinar el contrato y sus cláusulas. La abogada general del Tribunal de Justicia de la UE (TUE), Juliane Kokott, ha manifestado que la ley española de desahucios vulnera la normativa comunitaria porque no garantiza una protección eficaz de los consumidores frente a posibles cláusulas contractuales abusivas en las hipotecas. Algo que el Real Decreto de 6/12, de 9 de marzo reclamaba como Medidas Urgentes de Protección de Deudores  Hipotecarios  sin recursos. Además de que se actúe contra la lacra de los “Subasteros de los Juzgados”. Las medidas que se pueden y se deben tomar son siempre anteriores a estos oportunistas. Antes, mil veces mejor, que “se trasformen en alquileres”, como algunas entidades ofrecen.

 Así mismo habrá que  tener en cuenta que los impagos generalizados pueden hacer quebrar a los bancos o pasarán a engrosar la deuda pública. ¿Por qué deberíamos de pagarlos todos? Si el desahucio se elimina como figura legal puede llevar consigo, o bien a la quiebra del sistema financiero, (cada uno pagaría lo que le viniera en gana) o bien que desaparezca el crédito bancario futuro, por la misma regla. ¡Ninguna institución es capaz de sobrevivir a un elevado porcentaje de morosidad! La dación en pago de la vivienda, en general, entra en el mismo círculo vicioso. Hay un término medio, que debe ser explorado: “la mediación”, el “arbitraje”, se da cuando hay un conflicto y las partes no son capaces de llegar a un acuerdo. No habría que descartarlo, si pese a la Buena Praxis no se encuentra otra solución. "Es necesario aunar la voluntad de colaboración de entidades financieras y las distintas  administraciones públicas… deben mostrar su voluntad de intermediar y romper la neutralidad e interceder".

Si en momentos de vacas gordas la ley existente permitía un “período de carencia”, en tiempo de “emergencia”, como el actual, -familias con todos los miembros en paro, o con personas dependientes, con hijos menores-, ¿por qué no activar otro periodo de carencia donde únicamente se tengan que pagar intereses? Máxime en el caso de familias monoparentales de mujeres que han perdido el trabajo y tienen hijos a su cargo. ¿Por qué no puede asumirlo el Estado, que sí puede inyectar dinero a las entidades financieras? Antes de arrojar a nadie a la calle, cualquier acto de humanidad debe ser bienvenido. Algunos, recuerdan el pasaje bíblico del hombre sin entrañas a quien le habían perdonado una enorme deuda, y no fue capaz de hacer lo mismo con quien le debía  a él una pequeña cantidad de dinero, y “le echó  en la cárcel hasta que pagase lo que debía”.  Al ver esta actitud sus conciudadanos fueron a contar al Señor lo sucedido. Éste, se enojó diciendo: “malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda, porque me lo suplicaste, ¿no debías también tú compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?” (Mt 18,23-34).

Se debe añadir, además, dado que todos los implicados deben poner algo de su parte, que también las Compañías  de Seguros deben adaptar sus cláusulas. De hecho, comercializan unas pólizas de Seguro de Amortización de Préstamos, para casos de invalidez o de fallecimiento del titular. ¿Por qué no extender la póliza a casos de imposibilidad práctica de atender a los pagos de la hipoteca por despido no imputable al hipotecado, -cierre de la empresa donde se  trabaja o  por un ERE, que deje a la familia sin fuente de ingresos,  en estos casos y/o en caso de agotar las prestaciones de desempleo-? ¿Hay que esperar al suicidio o al fallecimiento para que se active el protocolo del Seguro y que la Compañía se haga cargo de la deuda? ¿Por qué no humanizar las condiciones sin esperar a un desenlace fatal?

Crear empleo, primera exigencia social.  Desde ahí se puede actuar estimulando la reinserción para que “no se queden fuera del mercado laboral quienes más lo necesitan”. Y medidas preferentes de acceso a Vivienda de Protección Oficial, para los desahuciados por haber perdido el empleo y no poder pagar.

La segunda exigencia social es hacer que el dinero vuelva a fluir.  Tomar “medidas nuevas e imaginativas para poder paliar la situación". El objetivo es doble: 1.- que el dinero vuelva a fluir en préstamos para empresas y particulares; 2.- que las partes implicadas  lleguen a un acuerdo con las familias afectadas por la hipoteca, para evitar que se queden sin vivienda. Hay alternativas al desahucio. Menos la muerte, se puede arreglar cualquier situación. El desahucio, no puede ser norma. En la anterior legislatura 370.000, y en lo que llevamos de ésta cerca de 100.000. Son demasiados. ¡Primero las personas, por favor! Paralizar los desahucios hasta que la nueva normativa aclare el desconcierto actual. No es posible una sociedad donde se está rescatando a los bancos, mientras ellos, los  bancos,  desahucian a las personas o a las familias. La  confusión y la presión actual no garantizan soluciones estables. Gobierno y oposición deberían pactar una tregua con los bancos. ¿Es posible?

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