NUESTROS ANCIANOS. CARLO FONTÁN


NUESTROS ANCIANOS
Todas las sociedades han considerado la edad un grado, a los ancianos la plasmación de la sabiduría. Pero para la nuestra ya no sirven. Otros piensan por ellos, y a lo que se ve bastante mal. Estas élites que deciden y piensan por nosotros han convertido a los ancianos en un estorbo. Mal puede irle a una sociedad que no escucha el sabio consejo de los ancianos. Mal puede irle a una sociedad que no piensa por sí misma, que su pensamiento le es suministrado por los medios. ¡Cuanto saber encierran estos dos ancianos y sin embargo nadie los aprovecha!




¿Para qué sirven los economistas sino para confundirnos? Decía Kant que uno ha de ser su propio abogado, cura y médico. Estos ancianos nos recuerdan que para saber de economía no hace falta ni un grado ni un máster. Pero para engañarnos hacen falta muchos economistas. Para embaucarnos y embarcarnos en tanto desmán consumista como se ha cometido en estos años. Al ciudadano hay que engañarlo, para hacerlo partícipe del gran timo que nos ha llevado a la crisis


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