OTRA NIÑA VÍCTIMA DEL MACHISMO. JOSÉ MANUEL BELMONTE


OTRA NIÑA VÍCTIMA DEL MACHISMO
No hace ni un mes escribía: “malos tiempos para los niños: peores para las niñas”. Hablaba de Malala, la niña de 14 años defensora del derecho a la educación, a quien tirotearon los talibanes y que actualmente intenta recuperarse en Inglaterra. Denunciaba  otros muchos casos de abuso y malos tratos.

El pasado martes día 30 era atacada otra niña. Murió después.  Vuelvo a denunciar la injusticia machista, mientras Naciones Unidas  y los países civilizados  no mueven un dedo. Esas niñas, “esas personas que se ignoran, están salvando el mundo” (dijo Borges, Los Justos). No hay que parar hasta  lanzar una campaña contra el machismo en cada país, mientras a la mujer no se le reconozcan los mismos derechos que a los hombres.  La mujer y sobre todo la niña no pueden ser desposeídas de sus derechos humanos.  Ni tienen por qué  esconderse tras un velo, ni ser maltratadas, ni mutiladas. Merecen el respeto y la dignidad de un ser humano. No son ni deben ser moneda de cambio de cualquier aberración. Pero lo están siendo; unas veces por inicuas leyes discriminatorias a favor del varón, y otras simplemente por un supuesto “honor”, o por costumbres tribales de conveniencia “machista”.


No exagero. Hoy hablo de Anusha,  una niña a quien sus padres han dado muerte por “honor”. La han atacado,- inhumanos-, con ácido. Tenía 14 años. Ha sucedido en la aldea de Saidpur Bela, Cachemira, al norte de Pakistán.  La policía piensa que la causa ha sido la sospecha de que su hija tenía relaciones con un joven del lugar. Han hecho de ello un asunto de “honor”.

¿Honor? ¿Puede haber mayor deshonor y mayor canallada  que “quemar con ácido a su propia hija”? ¿Lavará la sangre de la hija el crimen de sus propios padres? ¿Qué concepto tienen del amor, de la paternidad y de la vida? ¿Qué es una hija en estos pueblos? Desfigurarla, dejarla ciega tal vez o matarla, ¿salvará el honor de la familia? Volvemos otra vez al mismo tema: el varón, joven, adulto, o viejo, nunca es inculpado de nada, ni una ligera sospecha.  Puede ser un joven normal enamorado, un “Romeo”. Lo cual podía hasta tener su lado romántico. Pero en la mayoría de los casos  se trata de un “cabrón” o un “adúltero”, que quiere aprovecharse de la joven. Si la niña se relaciona con alguien que la familia no quiere, o no acepta casarse con   quien sus padres quieren para ella, entra en juego el “honor”. Es decir: la venganza. “Te vas a enterar”. ¡Tú no eres libre para escoger, ni para decidir tu futuro! Ahí se amparan el maltrato y hasta el “crimen”. Confunden desobediencia con deshonra. ¿Derechos humanos de quién?
Los "crímenes de honor" son habituales en Pakistán y en otros países musulmanes. La expresión “crimen de honor” designa el castigo de una mujer por parte de miembros de su familia, o miembros de la comunidad en la que vive, que consideran haber sido previamente deshonrados por la víctima. Una mujer no puede ir por libre, porque no lo es. Según los datos de la Comisión de Derechos Humanos, 943 mujeres perdieron la vida el año pasado en agresiones de este tipo, en este país. Muchos hechos no trascienden, pero algunos, como éste de Anusha, son especialmente repugnantes y traspasan las fronteras. Y lo especialmente macabro y perverso: muchas de las agresiones se realizan lanzando ácido a la cara de las mujeres.  En este mismo año, según algunos periódicos, se han producido más de 80 ataques  semejantes al de Anusha, es decir con ácido. Atacar con ácido a unas mujeres indefensas es una cobardía machista y homicida. Para ellos es un arma, una amenaza real, para amedrentar y domesticar a las mujeres; hacerlas  sumisas y obedientes a sus mandatos o caprichos.
El horror no tiene más que una cara, la de la injusticia y la de la atrocidad. No puede hablarse de fe. Es un fanatismo interesado. En Pakistán y en otros países, tiene también otra cara: la de quien no aparece, la de la burla. Es decir, mientras, la niña es maltratada, condenada  sin juicio y lapidada, “el pretendiente”, “el amante”, “el novio” o como se le califique por allí al sujeto varón, campa libre, sin sospecha, o encantado de que obliguen a la niña a casarse con él. ¡Todo a su favor! Y la sociedad internacional mirando para otro lado. ¿Hasta cuando el silencio?

¿Es que una niña en Pakistán no tiene los mismos Derechos Humanos que una niña en Estados Unidos, en Chile o en los Emiratos Árabes? 943 mujeres muertas  de esta forma ¿no es un genocidio? ¿Para cuándo el aceptar como genocidio el exterminio por razón de género? Si se admite que el genocidio es un delito que comprende cualquiera de los actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo étnico, racial o religioso como tal, por qué no también la muerte por razón de sexo? De hecho se acepta como tal genocidio, las medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo o el  traslado por la fuerza de niños (niñas) de un grupo a otro grupo. ¿No es un genocidio la imposición del hijo único, en algunos países? ¿No lo es el aborto de las niñas por ser niñas que existe en otros países con discriminación  abortiva selectiva? ¿No es genocidio arrancar del seno de las familias a varias niñas para “entregarlas” a otro grupo, por motivo de honor, o por un trato o por compensación, - como se narraba en mi artículo antes citado-?[][ ¿No existe un Derecho Penal Internacional?

No niego que este caso pueda ser castigado. Afirmo que, con el machismo reinante y el fanatismo imperante, muchos casos –demasiados- quedan sin resolver. Es deseable toda la presión internacional, además de la presión de media Humanidad - todo el colectivo de mujeres-, para que ningún culpable escape de la acción de la justicia. ¿Qué hacen las asociaciones feministas?  Después de tanto tiempo, casi todos  lo sabemos. Ni por parte de los musulmanes habrá manifestaciones a favor de los derechos de las niñas; ni por parte de los occidentales reproches masivos o manifestaciones contra estas salvajadas. Eso sí, no se les ocurra hacer caricaturas de Mahoma. La caricatura sí es abominable.
Una última pregunta: ¿Seguirían los fanáticos “varones” amañando el matrimonio forzado de sus hijas, maltratando, mutilando, violando o matando niñas-mujeres, si las penas se las aplicaran en donde más les duele?  Se dice que el castigo, para ser eficaz, tiene que ser proporcional. Ellos, con sus armas intentan imponer su ley. En esa ley la mujer o no cuenta o no tiene derechos, aunque sea su hija.  La sociedad tiene armas para que la ley sea igual para todos. ¡Que se cumpla! Recuerden: Ameneh Bahrami, una mujer iraní que quedó desfigurada y ciega cuando un hombre le arrojó ácido a la cara hace siete años. El atacante fue condenado a quedar ciego también  con ácido. Justo antes de que se cumpliera la condena, cuando ya estaba totalmente acongojado, ella le perdonó. El tipo en cuestión y algún otro “valiente” se lo pensarán la próxima vez. ¡Para eso sirve la ley!

Después de la ley, el arma más poderosa es la educación. Con ella hay que forzar la evolución hacia una vida más humana. Para despertar conciencias.  Las mujeres y las niñas lo saben. ¡Ellos también! Por eso, como pedía Mario Benedetti: ¡No te rindas!  Hombre y mujer un mismo reto: la igualdad.  “Porque cada día es un comienzo nuevo. Porque esta es la hora y el mejor momento”.


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