NO NECESITAMOS RECORTES, NECESITAMOS REFORMAS. FERNANDO SÁNCHEZ SALINERO


 NO NECESITAMOS RECORTES, NECESITAMOS REFORMAS

“A veces es más fácil vivir en la mentira”. De la película Atrápame si puedes.

La ceguera no nos deja ver que, muchas veces, al recortar lo que estamos cortando es la red con la cogemos el pescado que necesitamos para comer. Recortar está al alcance del más tonto del pueblo, reformar con acierto, no. Lo ves en las empresas, lo ves en el país y comprendes que ése no es el camino.


Estoy, no sólo a favor, sino entusiastamente a favor del recorte del despilfarro, tanto en una empresa, una familia y un estado, que es mucho y en muchos casos muy fácilmente identificable. Pero para la situación que nos encontramos como país, y en muchos casos de las empresas, ¡no es la solución! Ya es tarde para los recortes. Los recortes se tenían que haber hecho hace mucho tiempo. Las aspirinas son para cuando tienes catarro, cuando el cuadro a evolucionado a pulmonía, necesitas penicilina.

Vamos a poner un ejemplo con un negocio como un restaurante, que tenga pocos clientes y sea deficitario. Cada día que pasa se endeuda un poco más y ha agotado la posibilidad de pedir dinero, porque ya nadie se lo da, dado que dudan que lo vaya a devolver.

Situación de muchos países y de muchas empresas
Primero hay que preguntarse cómo ha llegado allí. Porque si no entendemos las causas, no podremos arreglar la situación. 

Vemos, por ejemplo, que hace años el dueño hacía de maitre, recogía las reservas, ayudaba a la limpieza y a descargar la mercancía. Vamos que estaba allí, currando y atendiendo personalmente a los clientes.

El país sufrió una neurosis espejísmica de riqueza súbita y comenzamos a ir a los restaurantes como gastrónomos acaudalados. ¡Qué cocinen los inmigrantes! 

El dueño del restaurante comienza a subir los precios, triplica lo que le cuesta el vino, y cree que ha descubierto la fuente del maná. Empieza a llegar un poco más tarde al curro, contrata a una chica para que le anote las reservas. Tiene otro camarero para descargar material, ha creado la figura de jefe de sala para que haga la función de maitre y él se pasea en ropa “casual” de marcas con profusión de bordados (que parece un piloto de fórmula 1), saludando a los clientes de más relumbrón, va a la caja, extrae todo su jugo, y dice frases del estilo: un negocio en el que tenga que estar yo físicamente no es un negocio… (a mí me lo han dicho muchas veces) ¡Madre mía, las cosas que se oyen!

También ha “colocado” a su sobrino, el hijo de su hermana, que ni en los tiempos de abundancia tenía trabajo el “angelico”.

Paralelamente se ha comprado un barco y una casa que ya quisiera Obama y que le ha supuesto una hipoteca que antes sólo pedía la General Motors.

Obviamente, esto ha derivado en unos costes inasumibles. 

Y entonces llega la crisis y aquello empieza a ir mal. En vez de bajar los precios, los sube, “con 2 cojines”, porque “necesita” 6.000 € al mes para vivir. Vivir con menos no es vivir, es ir tirando. ¿Qué hace? Lo primero endeudarse, como buen español. Antes muerto que sencillo. Si el banco me deja dar una patada pa´lante, la doy. Vivimos en el patadapalantismo total. Si lo puedes arreglar mañana, ni se te ocurre intentarlo hoy. Tienes que cruzar los dedos y repetir a la luz de una vela: “los milagros existen, los milagros existen”.
Como eso llega un momento que no se sostiene, y ha visto a Zp y a Rajoy con los recortes, pues él a recortar.

¿Cómo recorta? Bajada de sueldos a “to perro quisqui”. Da igual si son piezas clave o prescindibles; Atornillar a los proveedores, que andan jodidos y tragan con todo; Y a recortar en la calidad y cantidad de lo que damos. Peores productos y más escasos, que los clientes no se enteran ;-)

¿Qué pasa? Que los empleados buenos (los que hacen viable el negocio) se las piran. Te quedan los mataos que no quiere nadie. Algunos proveedores, tan atornillados están, que quiebran o te dejan de vender y los clientes “milagrosamente” se vuelven de forma repentina muy exigentes y comparan con más sitios y calidades.

Si la cosa sigue apretando -que va a seguir-, continuamos con los recortes. ¿Cómo? Hay que echar a gente a la calle. ¿Con qué criterio? Primero, hay que echar a los que más barato sea la indemnización, da igual si son los mejores o no. ¡A mi sobrino NO! que tengo un lío familiar, aunque es el menos capaz y el más broncas. ¡Al jefe de sala NO! que si no, me toca currar en un trabajo que ya no me mola nada. Con lo que vemos las empresas de España con más cargos intermedios y familiares que trabajadores ajenos. Y, claro, el mercado, no te compra esa película.

Y entonces llegamos al “estilo sur de Europa”: me muevo entre “me financian o cierro del todo”. Cualquier cosa antes que REFORMAR. Y ¿Qué es reformar? Pues REINVENTARSE. Que muchas veces es volver a los orígenes, adaptando el negocio al siglo XXI. Es muy probable que tengamos que estudiar para remozar el negocio, desde cursos de cocina, porque la gente no quiere seguir comiendo la misma fabada que hace 30 años, a mejorar en la gestión, el marketing, hasta en informática. Si la fiesta se ha terminado, se ha terminado. Y cuanto más tardemos en aceptarlo a nivel individual, más duros serán los ajustes.

Y a nivel país, tres cuartos de lo mismo. Que no es cuestión de recortar en sanidad (que también, que había un derroche de la leche), lo que hay que hacer es entrar a racionalizar la gestión de los hospitales. ¿Conocéis a gente que trabaje en un hospital? A mí lo que me cuentan da miedo. La cara de mucha gente es más grande que la fachada del propio hospital, pero ¿quién le pone el cascabel al gato? Nadie. El estilo “o me financian o se colapsa del todo” está completamente instaurado. Lo mismo pasa con la educación, con las prestaciones de desempleo, con miles y miles de empleados públicos metidos a dedo que no tienen ningún cometido, con la sobredimensión de las autonomías con más políticos y agregados casi que ciudadanos, con el inmenso fraude de la formación bonificada, con muchas pensiones por enfermedad, con muchas bajas laborales…

¿Todo el mundo es así? Obviamente no, pero todos sabemos lo que está ocurriendo en nuestra sociedad.

El restaurante “España” no es viable como negocio así gestionado, nos pongamos como nos pongamos, como muchas PYMES o grandes empresas. Pero la gente se empeña en no querer verlo. Ahora se está poniendo de moda que se vote bajar voluntariamente el sueldo en las empresas para que no haya EREs. Con lo que consiguen que todos cobren menos, pero siga sobrando la misma fuerza productiva, vamos, que el sobrino, el jefe de sala, la chica que coge las reservas allí siguen, aunque haya dos reservas a la semana.
Estas afirmaciones para muchos serán impopulares, pero el restaurante del ejemplo puede cambiar completamente el menú; racionalizar la mano de obra; el jefe ponerse a currar de verdad; ajustar los márgenes; tratar de encontrar nuevos clientes de forma ocurrente… Cualquier cosa, menos gestionar como se gestionaba en el siglo XX un restaurante.

Espero que estas pequeñas aportaciones sirvan para que algunos se replanteen su situación y decidan reformar en vez de recortar. Me consta que hay muchos que ya han empezado, ¿llegaremos a tiempo?

1 comentario:

Ivan Lentijo dijo...

Totalmente de acuerdo que si seguimos haciendo lo mismo que hemos hecho hasta ahora conseguiremos los mismos resultados, y si los resultados no han sido buenos, no es posible que mejoren si no tomamos medidas diferentes. Los cambios siempres suelen molestar a todo el mundo y las opciones que tenemos son: Quejarnos y no hacer nada, quejarnos y salir a protestar o quejarnos y adaptarnos. Cual elijes tu? PS: Uso la palabra "quejarnos" porque normalmente la primera reaccion en frio ante un cambio es la de quejarse...aunque luego cuando se mira atras en el tiempo uno se da cuenta que la cosa no era para tanto...Saludos. http://coaching-hypnosis-centre.com/